jueves, 11 de octubre de 2007

"Osvaldo Soriano un retrato" (2000) de Eduardo Montes-Bradley.

"Félix Samoilovich: Soriano trabaja con la figura del padre en esas crónicas, apócrifas en parte y verdaderas en otra, en un país en el que el padre simbólico se parece al padre de la horda primitiva freudiana (o sea, es el que se acuesta con todas las mujeres, el que dispone de todas las mujeres; es el padre anterior al lenguaje, anterior al pacto entre los hombres para vivir de algún modo porque alguna ley exista). Me parece que en la Argentina, como en el mundo, en diferente medida quizás, ya no importa una u otra ley u otra moral sino la desaparición de la moral o de la ley como categoría de la existencia, cualquiera sea. Cuando yo le dije todo esto, me miró y me dijo: "¡Qué bien! Bárbaro flaco, ¡qué teoría!". Él lo sabía sin saberlo. Lo teórico político más inconsciente, en el sentido freudiano que existe, en el sentido del inconsciente como un saber que no se sabe pero que está ahí. Entonces la reivindicación de la figura de un padre que cree que la ley puede existir, que los hombres se pueden poner de acuerdo a pesar de sus diferencias en un país donde el arbitrario y el pasar por encima de la ley es norma, es un acto político. Y me parece que eso tiene más compromiso político que muchas declaraciones. Es el padre que siempre lucha y encuentra que la ley no se aplica, la ley de los poderosos, es la ley de los que están por el lado del gozo, del gozo una vez más en el sentido freudiano, de un placer sin freno, de un placer muy loco que tiene que ver con la droga, que tiene que ver con todos los excesos, que tiene que ver más con el dolor y con la muerte que con el verdadero placer. Ahora, su padre real era un hombre que, por empezar, no creyó ser el padre ideal, el padre que no tiene fallas. De todas maneras, en algún momento de la vida todo el mundo descubre la impostura del padre, el padre no es lo que uno creyó cuando era chico: es un hombre como los otros. Me parece que cuanto más tarde se descubre esa impostura, necesaria pero impostura al fin, más daño puede haber para alguien. Él lo pudo aprender muy rápido porque su padre nunca sostuvo la impostura de padre perfecto. Era un tipo que siempre apareció como lo que era: un funcionario que quería ser honesto y que fracasaba siempre, que quería inventar y que todo le salía mal. Nunca fue un hombre que triunfó en los negocios, intentó, no sé cuántas veces, inventar aparatos que nunca se vendieron. Incluso intentó escribir. Cuando el Gordo publicó su primera novela, escribió un cuento fantástico porque dijo: "A lo mejor ser escritor me sirve a mí". Era un cuento malísimo, por supuesto. Pero no importa, era un hombre que seguía buscando hacer algo en la vida. Entonces, me parece que ese padre le permitió, al mismo tiempo, estar relativamente poco protegido y, por otro lado, saber que, de algún modo, al padre se lo tiene que construir uno. Me parece que ese padre está construido en toda su literatura que, en buena medida, es la búsqueda del padre. El Gordo nunca pudo describir bien los personajes femeninos (sus personajes femeninos sonaban a plástico muchas veces) y todo su cuestionamiento es qué es un padre, qué es ser un padre, cuál es el lugar del padre, cómo tiene que ser un padre hoy, o qué tiene que hacer un padre en cualquier época de la historia. No es casual que se haya interesado por los padres de la Patria; era un experto en historia argentina, uno de los pocos tipos que leyó los documentos originales, fue a buscar los archivos de la Biblioteca del Congreso, fue a comprar los libros que nadie compra y leía quién era Moreno, qué decía, qué pasaba con Monteagudo, sabía más que los historiadores, que leen libros de otros historiadores acerca de eso, él leía los originales. Me parece que hay algo que tiene que ver con la paternidad que atraviesa toda la obra, incluso la periodística."

Pág 133-134-135.

En Osvaldo Soriano un retrato, Montes-Bradley, Eduardo, Editorial Norma, 2000.

"El guardián entre el centeno" (1951) de J D Salinger.



"-Por raro que te parezca, esto no lo ha escrito un poeta. Lo dijo un psicoanalista que se llamaba Wilhelm Stekel. Esto es lo que...¿Me sigues?
-Sí, claro que sí.
-Esto es lo que dijo: "Lo que distingue al hombre insensato del sensato es que el primero ansía morir orgullosamente por una causa, mientras que el segundo aspira a vivir humildemente por ella.""

Pág 201.

En El guardián entre el centeno, Salinger, Jerome David, Editorial Alianza, 1997.

martes, 9 de octubre de 2007

"Transatlántico" (1953) de Witold Gombrowicz.

"La ciudad me pareció como cualquier otra. Unos edificios muy altos, otros bajitos. En las estrechas callejuelas había tal gentío que apenas uno podía caminar. Muchísimos vehículos. Ruido, rugidos, estrépito, barullo; una insoportable humedad en la atmósfera."

Pág 18.

"Y en mi excitación golpeaba con un palo al Ministro, y a todos los funcionarios, dignidades y pompas de nuestro tiempo, a nuestra vida, a la Nación, al Estado, mierda, mierda, mierda; cargaba con el bastón en alto y lo descargaba sobre el Ministro, y una vez que lo hube expulsado unas 50 o 60 veces, seguí todavía despidiéndolo y expulsándolo a palos. Hasta que advertí que provocaba la risa de los transeúntes, quienes me miraban de reojo."

Pág 27.

"Y así hablaba la gente, de una tienda a la otra, contemplando ora ésta ora aquella vitrina. Contemplaban y hablaban y luego pasaban a otra Tienda y de nuevo contemplaban y hablaban."

Pág 29.

"El Hombre que siendo Hombre no quiere ser Hombre y corre detrás de los Hombres y los Persigue como un obseso y a los Hombre adora, ay, y con los Hombres se excita, a los Hombres desea, a los Hombres mira goloso, les coquetea, los galantea, los adula, es llamado desdeñosamente por el pueblo de este país un "puto"."

Pág 49.

"¿No aceptas ningún Progreso? ¿Tenemos siempre que movernos al mismo trote y en el mismo lugar?¿Cómo puedes aspirar a algo Nuevo mientras pones toda tu fe en lo Viejo? Así el Viejo Padre deberá mantener siempre a su hijo joven bajo su látigo paterno.¿Y debe aquel joven obedecer eternamente todo lo que le ordene su Señor Padre?¡Dadle al Joven un poco de respiro, soltadlo, dejadlo que brinque libremente!"

Pág 73.

"Y yo también caminaba, caminaba, y mi Marcha proseguía a lo largo del camino de mi vida, en mi duro y fatigoso Penar Cuesta Arriba, en medio de una inmensa maraña. Así, pues, caminaba, caminaba hacia mi Meta, sin saber qué debía hacer, sabiendo sólo que Algo debía hacer. ¡Ay! ¿para qué Caminaba? Pero Caminaba y Caminaba porque también los otros Caminaban, y eran vanos los proyectos vanas las decisiones cuando el Hombre se ve forzado por la voluntad ajena, cuando se halla perdido entre los hombres como en una Selva oscura. De esa manera Camina uno, pero Yerra; decide uno algo, hace planes, pero Yerra, y mientras toma una decisión aparentemente según su propia voluntad, Yerra, habla y Yerra, Actúa, pero en medio de una Selva, en la noche, y Yerra, Yerra..."

Pág 89.

"Porque todas estas Obras Maestras, Pinturas, Esculturas y demás al estar encerradas aquí juntas, por su abundancia excesiva se desprecian, y han llegado a tal Baratura, que muy bien puedo permitirme romper este Vaso.-Y le dió un puntapié a un Vaso Persa, de Astracán, de Mayólica, verdeceledón, calado, que se estrelló en mil pedazos-."

Pág 101-102.

"Y, sin embargo, imperaba el Vacío. A pesar de lo tremendamente horroroso de los acontecimientos que se aproximaban, aunque estaban a punto de seducir al Hijo, todo era Vacío, Vacío hasta el punto de que daban ganas de rogarle a Dios que sobreviniera el Miedo y el Horror y de esperarlos como un Ave sedienta espera la lluvia. Porque más terrible que el Miedo era la Carencia de Miedo. Nosotros seguíamos como Cañas Vacías, como Botellas Vacías, y todo parecía una Calabaza Vacía. El tercer día me acometió tal Miedo, producido precisamente por la Carencia de Miedo, que fui al jardín, y comencé a vagar por los Bosquecillos, meditando en mi Desesperación, en mi Derrota, en mi Pecado, trataba de reavivar la fuente vivificante del Miedo y del Horror."

Pág 121.

En Transatlántico, Gombrowicz, Witold, Editorial Seix Barral, Barcelona, 1970.

domingo, 7 de octubre de 2007

"La cabeza de Goliat: microscopía de Buenos Aires vol II" (1940) de Ezequiel Martínez Estrada.

"Necesita consuelo y está solo; necesita fe y es incrédulo; necesita aire puro y respira gases de incineración; necesita libertad y está uncido a la máquina de escribir; necesita tirarse sobre el césped y vive sobre alfombras y entre papeles."

Pág 183.

"(...)Shakespeare, Heródoto, Lavoissier, Virgilio, ahí están, mirándonos con sus letras y advirtiéndonos, como hace casi treinta años, que la inteligencia es un don ante el que hay que prosternarse y no una pieza que cazar con boleadoras. Cada lector está en comunicación con un ser presente, vivo."

Pág 217.

"Nuestros cementerios son tan tristes como nuestra ciudad; verdad que se siente al penetrar en el olvido. Inútilmente los ángeles de yeso, las losas epigramáticas, los bustos fotográficos y las piedras alegóricas invocan la piedad. Esos muertos están infinitamente lejos de nosotros. Como en este verso de Borges:
El muerto ya no es un muerto: es la muerte."

Pág 231.

"En nuestros grandes cementerios, nuestros grandes hombres son los que han muerto más de verdad. Por contraste con las pobres tumbas recientes, que no son los de la inmortalidad tampoco. ¿Y qué cementerio hay donde reinen solo el amor y el recuerdo?¿Habrá un trozo de tierra ungida por la muerte, al cual el corazón se aproxime sin ningún sentimiento de gratitud, de respeto ni de obligación, ni por motivos humanos que lo atraigan?"

Pág 233.

"Hacia 1790 se inició en la plaza de Monserrat un circo para corridas de toros que diez años después fue demolido. Quejábanse los vecinos de haber afeado al barrio y de servir de refugio a los malhechores de todo género. Gran afición hubo entonces por esos espectáculos, que, como las carreras de caballos hoy, significaban un punto de estilización de algo corriente y ordinario que los ciudadanos llevaban en la sangre, por decirlo así."

Pág 243.

"Cuando esas conglomeraciones adventicias reviste su papel auténtico, despojadas del hábito circunstancial con que asisten al estadio, es al derramarse por la ciudad, regularmente en camiones, agitando sus lábaros y entonando estribillos de júbilo que no alcanzan a ser canciones. Son gritos, actitudes que se vociferan y se arrojan a la cara de los transeúntes, bocanadas de ancestrales hálitos de caverna. Se siente un estremecimiento en las carnes no menos antiguo que esas voces. Esas partículas de población pueden polarizar por cualquier motivo de análoga naturaleza. Son las que también engruesan las manifestaciones políticas, en muchedumbres que emplean los mismos estribillos, con las mismas tonadas y el mismo agresivo ademán. Antes eran también las máscaras que, desgraciadamente, van desapareciendo o cambiando de disfraces.
Los políticos hacen presa, como las fieras al acecho, de esas muchedumbres. Se entregan aparentemente a ellas; concurren a sus estadios para exhibirse y, si están en el poder, descienden a veces a la pista para iniciar el juego. La muchedumbre los aclama o los silba y es lo mismo. El político sabe que el aplauso y silbido significan una demostración pasional, un santo y seña de entusiasmo irracional, que tarde o temprano ha de servirles."

Pág 253.

"Hay una grandeza ideal en quitarse la vida por exceso de conciencia, o por cualquier algo de lo que no se puede sacar ninguna utilidad. Acaso, si se trata de un récord, éste sea el más interesante en la concepción trascendental de la ciudad. (...)Los que mueren por propia voluntad no despiertan compasión ni admiración, y se los deja caer sin pensar mucho en la parte de culpa que nos alcanza a los que asperjamos sobre ellos el olvido. Callamos y seguimos. El silencio es la impunidad de las ciudades."

Pág 265.

"El anciano de la ciudad ha pasado de moda, más bien que envejecido; no tiene actualidad de vida, no es usable con eficacia, no valía por lo que era, sino por lo que produjo."

Pág 275.

En La cabeza de Goliat tomo II, Martínez Estrada, Ezequiel, Editorial CEAL, Colección Capítulo, 1981.

"La cabeza de Goliat: microscopía de Buenos Aires vol I" (1940) de Ezequiel Martínez Estrada.

"(...)una ciudad es el lugar donde se refugia el hombre mientras dispara del cumplimiento de sus deberes para con Dios, la naturaleza y sus semejantes."

"Se requiere un esfuerzo para no ver que el habitante de la ciudad es un transeúnte; que está de paso. Morir en un hotel es lo más absurdo, dentro del orden natural de las cosas, pero lo más natural dentro del orden absurdo."

Pág 44.

"Esos insensatos que han tirado al suelo los edificios antiguos en alarde de iconoclastas y progresistas, tienen también sus fetiches que veneran en secreto. Veneran un pasado que modifican a su antojo y que consiste casi siempre en arrasar con la verdad y la realidad superviviente (enclavada en tierra) para adorar regularmente una ficción empotrada en una cláusula retórica. Así como nuestra historia ha sido involuntaria pero sistemáticamente falseada por escrúpulos urbanísticos, nuestra ciudad ha sido sistemáticamente desfigurada y embellecida para uso de turistas."

Pág 62-63. En página 62 lo de la pirámide de Mayo, la Recova, el Cabildo, etc.

"El jugador es un tipo digno de todo elogio. Yo creo que entre nosotros, él y la adúltera son los únicos que tienen vida, personalidad, coraje, lirismo.(...)En éstos usted ve que están por encima de las contingencias y que sus apremios les pertenecen, que ellos son los responsables de su situación y no el azar, que se abren la fosa con el torrente de fuego de sus pasiones.(...)Da gusto tener que tratar con ellos, y yo los encuentro seres humanos de verdad y no fantasmas que habitan en las cuevas del miedo a la vida y a la ruina, más allá del bien y del mal, digamos."

Pág 118-119.

"Es desconcertante: muchos defectos magníficos provienen de una superabundancia de fuerzas. También nosotros padecemos, al estilo europeo, una crisis por exceso de riqueza. Lo malo está en que nuestra riqueza no tiene sentido humano, porque es la riqueza de la tierra y no la del esfuerzo. La fecundidad espontánea de la Naturaleza sólo ha hecho al hombre confiado en la buena estrella y en la amistad influyente, sino que lo ha incapacitado para organizar sobre un plan industrial la explotación de su actividad de pueblo soberano. (...)Este aparente bienestar es nuestro viejo, muy viejo enemigo.(...)Azar: ésa es una palabra que podría simbolizar nuestro destino.(...)Somos un pueblo cuya fe en el porvenir es la del que gana y que por eso jamás mira atrás ni adentro, igual que los viajeros de la pampa que marchan hacia un horizonte fugitivo, del que son centro a cada paso."

Pág 124-125.

"Todo aquel que desconoce que somos un conglomerado amorfo de pasiones cosmopolitas, de ideas internacionales, de sangres confluyentes de todos los riachuelos étnicos, no puede distinguir la verdad de la mentira. Pero precisamente es eso lo que tenemos que admitir, evitando el equívoco ridículo de aquel pedagogo que me afirmaba que la nobleza de sangre daba derechos de jerarquía para sojuzgar a las razas inferiores, sin haberse fijado que en las uñas le quedaban todavía los estigmas violáceos de su ascendencia africana."

Pág 127.

"Ya no es la ciudad una cárcel, sino una máquina. No interesa lo que hay de estático en ella, sino lo que hay de acción y movimiento. Aun la casa ha dejado de ser una celda para convertirse en un órgano viviente de habitar."

Pág 146.

"No falta la ciudad, sino el poeta. Y es porque Buenos Aires es destructora de poesía y no creadora."

Pág 147.

En La cabeza de Goliat tomo I, Martínez Estrada, Ezequiel, Editorial CEAL, Colección Capítulo, 1981.

"La ciudad ausente" (1992) de Ricardo Piglia.

"Lo que no ha encontrado su forma, dice Ríos, sufre la falta de verdad."

En La ciudad ausente, Piglia, Ricardo, Editorial Sudamericana, 1992.

"Plata quemada" (1997) de Ricardo Piglia.



"Surgió ahí la idea de que el dinero es inocente, aunque haya sido resultado de la muerte y el crimen, no puede considerarse culpable, sino más bien neutral, un signo que sirve según el uso que cada uno le quiera dar.
Y también la idea de que la plata quemada era un ejemplo de locura asesina. Sólo locos asesinos y bestias sin moral pueden ser tan cínicos y tan criminales como para quemar quinientos mil dólares. Ese acto (según los diarios) era peor que los crímenes que habían cometido, porque era un acto nihilista y un ejemplo de terrorismo puro."

Pág 192.

En Plata quemada, Piglia, Ricardo, Editorial Sudamericana, 1997.