sábado, 13 de octubre de 2007

"Un diálogo sobre el poder" de Michel Foucault.



"La teoría del Estado, el análisis tradicional de los aparatos de Estado, no agotan sin duda el campo de ejercicio y funcionamiento del poder. Actualmente éste es el gran desconocido: ¿quién ejerce el poder?, ¿dónde lo ejerce? Actualmente, sabemos aproximadamente quién explota, hacia dónde va el beneficio, por qué manos pasa y dónde se vuelve a invertir, mientras que el poder...
Sabemos perfectamente que no son los gobernantes quienes detentan el poder. Sin embargo, la noción de "clase dirigente" no está ni muy clara ni muy elaborada. "Dominar", "dirigir", "gobernar", "grupo del poder", "aparato del Estado", etc., aquí hay todo un conjunto de nociones que piden ser analizadas. Asimismo, sería preciso saber hasta dónde se ejerce el poder, mediante qué relevos y hasta qué instancias, a menudo ínfimas, de jerarquía, control, vigilancia, prohibiciones, coacciones. En todo lugar donde hay poder, el poder se ejerce. Nadie, hablando con propiedad, es su titular y, sin embargo, se ejerce en determinada dirección, con unos a un lado y los otros en el otro; no sabemos quién lo tiene exactamente, pero sabemos quién no lo tiene."

Pág 15.

En Un diálogo sobre el poder, Foucault, Michel, Editorial Alianza, 1997.

"El silenciero" (1964) de Antonio Di Benedetto.



"Besarión intenta ser, finge ser, para no ser. ¿No ser qué?¿No ser quién? Él mismo. Besarión tiende decididamente a no ser.
Y yo, ¿tiendo a no ser?...No, tiendo a ser. No me dejan. Estoy interferido, bloqueado. Sólo podré ser en ciertas condiciones. Cuáles, no sé. Apenas las presiento.
Como la condición de estar conmigo. ¿Eso es la soledad? Quizá podría llamarse la soledad profunda.
Aunque si estoy conmigo, estoy acompañado. Ya que si estoy conmigo no soy yo solo, somos dos. "Estar con" indica "alguien o algo junto a", no el mismo.
Si somos dos, constituimos uno y el otro. ¿Cuál de ellos soy? Digo: yo y el que está conmigo. Luego, el que está conmigo es el otro. ¿O si digo "estar conmigo" supongo "un yo" y otro "un yo"?
Debí decir: "estar en mí" y no me hubiera enmarañado el pensamiento.
Ha sido por prestarme a la seducción de las palabras: con sus rasgos de ideas parece que estuvieran descubriéndole algo a uno, como alertándolo sobre la naturaleza de sus capas profundas. Empezaron a confundirme y se me iba formando el miedo de ser dos, o de albergar a un otro, o de haber perdido a mi otro yo o de hallarme bajo su dominio."

Pág 145.

"Ahora creo que también se me ha extraviado el sentido de la eternidad.
O bien prescindo de buscar su sentido y me reduzco a pensar con extrema simpleza que la eternidad es la mucha vida o el vivir demasiado, pero sufriendo y sin animarse a pasar más allá."

Pág 162.

En El silenciero, Di Benedetto, Antonio, Adriana Hidalgo editora, 2004.

viernes, 12 de octubre de 2007

"Hank La vida de Charles Bukowski" (1991) de Neeli Cherkovski.

"La acusación más grave que Bukowski hace a la sociedad, y que encontramos a lo largo de toda su obra, es que la gente, atemorizada por las condiciones sociales y económicas, acaba aceptando la humillación y el fracaso. Aceptan puestos que les roban individualidad y gradualmente van aceptando, e incluso admitiendo, la sumisión a otras personas con puestos de mayor poder. Así pierden la capacidad de pensar por sí mismos."

Pág 53.

"Nota: dije que no sabía escribir un prólogo y se me dijo que lo escribiera, simplemente como escritor, pero no soy escritor. De qué tengo miedo: de convertirme en uno, en uno muy bueno, de aprender a DARME AIRES...Me asusta y ya no confío en mí mismo. El miedo a quedarme fuera y ya no poder ver nunca más la verdadera luz con mis propios ojos...También es malo amar este libro; no confiamos en ese amor. Tengo tan mala suerte, voy calle abajo...pensando en eso, en mi suerte: OTRO LIBRO...las gentes (especialistas incluidos) hablan de mí en grupos -como poeta- como escritor de poemas, y saben más de Bukowski que él mismo...me arrastro hacia el agujero al que normalmente suelo arrastrarme después de un libro, olvidándome del sol de madera, olvidándome de la imagen, venderse o no venderse..."

Pág 148.

En Hank La vida de Charles Bukowski, Cherkovski, Neeli, Editorial Anagrama, Barcelona, 1993.

"Las palabras" (1964) de Jean-Paul Sartre.



"Pero no basta con que sea naturalmente bueno; tengo que ser profético: la verdad sale de la boca de los niños."

"Lo que hablaba por mi boca no era la Verdad, sino su muerte. No es de extrañar que la insulsa felicidad de mis primeros años haya tenido a veces un gusto fúnebre: debía mi libertad a una muerte oportuna, mi importancia a una muerte muy esperada. Pues claro, es cosa sabida que todas las pitias son unas muertas; todos los niños son espejos de muerte."

Pág 23.

"(...)y como el Bien y el Mal, como mi vida entre 1905 y 1914. Si sólo nos definimos por oposición, yo era lo indefinido de carne y hueso; si el odio y el amor son el anverso y reverso de la misma medalla, no quería nada ni a nadie. Estaba bien: a nadie se le puede pedir que odie y guste a la vez. Ni gustar ni amar.
¿Soy, pues, un Narciso? Ni siquiera; tengo tanta precaución por seducir que me olvido del resto."

Pág 29.

"Se despedían nuestras visitas, yo me quedaba solo, me evadía de aquel cementerio trivial, iba a reunirme con la vida, con la locura en los libros. Me bastaba con abrir uno para descubrir en él ese pensamiento inhumano, inquieto, cuyas pompas y tinieblas superaban a mi entendimiento, que saltaba de una a otra idea, tan rápidamente que se me escapaba cien veces por página, y aturdido, perdido, dejaba que se fuera."

Pág 37.

"Viví envuelto en el terror, fue una verdadera neurosis. Si busco la razón de todo esto, encuentro lo siguiente: niño mimado, don providencial, mi profunda inutilidad se me manifestaba aún más porque el ritual familiar me adornaba constantemente con una necesidad forjada. Me sentía de más, luego tenía que desaparecer. Yo era un florecimiento insípido en perpetua abolición. Con otras palabras, estaba condenado y podía aplicarse la sentencia en cualquier momento. Sin embargo, la rechazaba con todas mis fuerzas, no porque quisiese mi existencia, sino, por el contrario, porque no me interesaba; cuanto más absurda es la vida, más soportable es la muerte."

Pág 65.

"Lo que me gusta de mi locura es que me ha protegido, desde el primer día, contra las seducciones de la élite; nunca he creído ser feliz propietario de un "talento"; lo único que se trataba era de salvarme - nada en las manos, nada en los bolsillos- por el trabajo y la fe. Como consecuencia, mi pura opción no me elevaba por encima de nadie: sin equipo, sin herramientas, me he metido entero en la tarea para salvarme entero. Si coloco a la imposible Salvación en el almacén de los accesorios, ¿qué queda? Todo un hombre, hecho de todos los hombres y que vale lo que todos y lo que cualquiera de ellos."

Pág 163.

En Las palabras, Sartre, Jean-Paul, Editorial Losada, 1965.

"La hora del diablo" de Fernando Pessoa.



"El más alto amor es un gran sueño, como aquel en que amamos dormir. A veces yo mismo, que debiera ser un alto iniciado, pregunto, a lo que en mí hay de más allá de Dios, si todos estos dioses y todos estos astros no serán más que sueños de sí mismos, grandes olvidados de abismo.
No se asombre de que así le hable. Soy naturalmente poeta, porque soy la verdad hablando por error, y toda mi vida, al fin y al cabo, es un sistema especial de moral velado en alegoría e ilustrado por símbolos."

Pág 24.

En La hora del diablo, Pessoa, Fernando, Editorial Emecé, 2000.

"Franny y Zooey" (1961) de J D Salinger.

"Estaba sonriendo. Así es exactamente como me siento hoy, sin que haya ninguna razón especial. En contra de mi buen criterio, estoy seguro de que en algún lugar muy cerca de aquí (en la primera casa bajando por la carretera, tal vez) hay un buen poeta que se está muriendo, pero también en alguna parte muy cerca de aquí, a alguien le están sacando un ridículo litro de pus de su cuerpo joven y bonito, y no puedo estar siempre corriendo de un lado a otro entre la pena y la diversión."

Pág 71.

"Pero hay algo, Dios de mi vida, hay algo que yo le hago a la moral de la gente, algo que no soporto observar por más tiempo. Puedo explicarte exactamente qué es. Hago que todo el mundo tenga la sensación de que no desea realmente realizar un buen trabajo, sino que se conforma con realizar un trabajo que sea considerado bueno por todos aquellos a quienes conoce: los críticos, los patrocinadores, el público y hasta la maestra de sus niños."

Pág 145-146.

"Lo que pasaba era que se me metió en la cabeza la idea, y no podía quitármela, de que la universidad era sólo un lugar necio e inútil más en el mundo dedicado a acumular tesoros y todo eso. Quiero decir que los tesoros son tesoros, por amor de Dios. ¿Qué diferencia hay en que los tesoros sean dinero, o propiedades, o incluso cultura, o incluso simples conocimientos? Todo me parecía exactamente lo mismo, si quitamos la envoltura...¡y me lo sigue pareciendo! A veces pienso que el conocimiento, al menos cuando es conocimiento por el conocimiento en sí, es lo peor de todo.(...) En un campus nunca se oye la menor insinuación de que la sabiduría debe ser la meta del conocimiento.¡Apenas se oye mencionar la palabra "sabiduría"!" ¿Quieres oír algo gracioso? En casi cuatro años de universidad la única vez que recuerdo haber oído la expresión sabios fue en mi primer año, ¡en Ciencias Políticas! ¿Y sabes cómo la usaron? La usaron refiriéndose a un viejo estadista que había hecho una fortuna jugando a la Bolsa y luego se había ido a Washington para ser consejero del presidente Roosevelt."

Pág 154.

"Todavía sigues sin poder amar a Jesús tanto como quisieras porque hizo y dijo un par de cosas que se le atribuyen...y tú lo sabes. Eres incapaz por naturaleza de amar o comprender a ningún hijo de Dios que vaya por ahí volcando mesas. E incapaz por naturaleza de amar o comprender a un hijo de Dios que afirma que un ser humano, cualquier ser humano, incluso un profesor Tupper, es más valioso a los ojos de Dios que un tierno e indefenso polluelo de Pascua."

Pág 172.

En Franny y Zooey, Salinger, Jerome David, Editorial Edhasa, 2004.

jueves, 11 de octubre de 2007

"Conversación con Eliseo Álvarez" (2005) de Roberto Bolaño.

"El silencio de Rulfo creo que obedece a algo tan cotidiano que explicarlo es perder el tiempo (...) (A) mí me inquieta más el silencio rimbaudiano que el silencio rulfiano.
Rulfo deja de escribir porque él ya había escrito todo lo que quería escribir y como se ve incapaz de escribir nada mejor, simplemente para.
Rimbaud probablemente hubiera podido escribir algo mucho mejor, que ya es decir palabras muy altas, pero ése es un silencio que a los occidentales nos plantea preguntas.
El silencio de Rulfo no plantea preguntas, es hasta un silencio entrañable, es cotidiano. (...)
Hay un tercer silencio literario que es el no buscado, el de las sombras que uno está seguro de que estaban allí en el umbral y que no han llegado a ser jamás hechos tangibles. (...)
Y este silencio no buscado (...) es el silencio de, no me atrevo a llamarlo destino, una manifestación de la impotencia.
El silencio de la muerte es el peor de los silencios porque el silencio rulfiano es un silencio aceptado y el rimbaudiano es un silencio buscado.
Pero el silencio de la muerte es el que corta de tajo lo que pudo ser y nunca más va a poder ser, lo que no sabremos jamás. (...)
Pues eso mismo se extiende en todo el planeta como una mancha, una enfermedad atroz que de alguna u otra manera pone en jaque nuestras costumbres, nuestras certezas más arraigadas."

En Conversación con Eliseo Álvarez. Bolaño, Roberto, Turia, Revista Cultural, nº 75; 2005.