sábado, 5 de diciembre de 2009

"El derecho de matar" de Raúl Barón Biza.



“Ellas han pensado y piensan: “Será quizás, la única forma de decidirlo”.Todo su capital, triste y muchas veces mal oliente capital, lo juegan contra la única patente de señora, contra una seguridad de su estómago.
En el hombre habla el deseo. La mujer explota ese deseo para satisfacerse y a la vez para llenar su aparato digestivo. En su único rol. Llenarlo de alimentos o de espermatozoides.”

Pág 46.

“-Y bien- respondióme colérico- dices que yo soy rico…Es cierto, mi fortuna es inmensa, pero el hecho de que yo posea dinero no me obliga a llenar la boca de los hambrientos, ni a vestir a los desnudos... ¿Acaso la razón de tener impone la obligación de dar? Implora ayuda al clero, a los ensotanados…a los que piden para dar…y verás como ellos también te la niegan.
Nadie da nada por nada en la vida.”

Pág 65.

“¡que no caiga yo que soy una antorcha encendida en la noche de los inútiles!”

Pág 68.

“El suicidio nos coloca más allá del castigo de los hombres y de la venganza de la justicia. Más allá aún, de la misma ira de los dioses.
Estos, como un presente, dicen habernos ofrecido la vida y, como un castigo, pretenden podérnosla arrebatar.
Dejan de ser fuertes, cuando podemos zafarnos así de su venganza.”

Pág 73.

El derecho de matar, Baron Biza, Raúl, Editorial M.Alfredo Angulo, 1939.

lunes, 30 de noviembre de 2009

"Mishima o la visión del vacío" de Marguerite Yourcenar.



“(…) la inclinación hacia la muerte es frecuente en los seres dotados de avidez por la vida; encontramos huellas de ellos desde sus primeros libros. Lo verdaderamente importante es aislar el momento en que Mishima consideró cierta clase de muerte e hizo de ella, como decíamos al principio de este ensayo, casi su obra maestra.”

Pág 93.

Mishima o la visión del vacío, Yourcenar, Marguerite, Editorial Sudamericana-Planeta, 1985.

"Los fantasmas" de César Aira.



“El desarrollo de la arquitectura “real”, es decir de los elementos decorativos, está directamente ligado con la posibilidad de acumular provisiones para los trabajadores p esclavos que hacen el trabajo, que lo hacen sin tener tiempo de ir a cazar o recoger comida. Esas acumulaciones inciden en la desigualdad. Un mecanismo que se usa para aminorar los excesos de acumulación, y regular la riqueza (sin regulación no habría riqueza), es el potlatch, la fiesta en la que se derrocha toda clase de comida y bebida y otros elementos, en un gasto loco, momentáneo, que vuelve las cosas a su nivel deseable. La fiesta, asociada a las formas temporarias o perecederas del arte, cumple con su fulgor y su abundancia la función de atraer a la mayor cantidad de gente posible; la cantidad es necesaria a su vez para que la manifestación artística, que no va a permanecer en el tiempo, sea apreciada por el mayor número posible. Hay una economía inherente a la manifestación artística, en todas sus formas, y ésta es la que se da en este caso.
Claro que el potlatch es todavía la prehistoria de la fiesta, su genealogía podría decirse, porque con el tiempo debe surgir la alternativa de que no se haga presente más gente sino gente especial, la gente que importa, sutilización de la sociabilidad. El fin lógico de este proceso es la fiesta unipersonal, de la que el sueño es el modelo más acabado.”

Pág 54.

Los fantasmas, Aira, César, Editorial Grupo Editor Latinoamericano, 1990.

"La guerra de los gimnasios" de César Aira.



“Tu frasecita, Ferdie, le dio la pista a Hokkama. Le vino como anillo al dedo. Habría sido un milagro que no se aferrara a ella. Sobre todo porque vos ya estás difundido en la sexualidad social, gracias a la televisión. Ahora, con tu cerebro en su poder, tiene la máquina infalible para dominar la reproducción de hombres y mujeres en la Argentina.”

Pág 119.

La guerra de los gimnasios, Aira, César, editorial Emece, 2006.

sábado, 7 de noviembre de 2009

"El pozo" de Juan Carlos Onetti.



“He leído que la inteligencia de las mujeres termina de crecer a los veinte o veinticinco años. No sé nada de la inteligencia de las mujeres y tampoco me interesa. Pero el espíritu de las muchachas muere a esa edad, más o menos. Pero muere siempre; terminan siendo todas iguales, con un sentido práctico hediondo, con sus necesidades materiales y un deseo ciego y obscuro de parir un hijo. Piénsese en esto y se sabrá por qué no hay grandes artistas mujeres. Y si uno se casa con una muchacha y un día se despierta al lado de una mujer, es posible que comprenda, sin asco, el alma de los violadores de niñas y el cariño baboso de los viejos que esperan con chocolatines en las esquinas de los liceos.”

Pág 34.

El pozo, Onetti, Juan Carlos, Editorial Arca, Montevideo, 1965.

"Solaris" de Stanislav Lem.



Pág 40 – Juego de dobles.

“–Un hombre normal –dijo- ¿Qué es un hombre normal? ¿Aquel que nunca cometió nada abominable? Bueno ¿pero no tuvo nunca pensamientos desordenados? Quizá ni siquiera eso…Algo, un fantasma, pudo haber surgido en él alguna vez, hace diez o treinta años, algo que él rechazó, y que ha olvidado; algo que no temía, pues sabía que nunca permitiría que cobrara fuerzas, que se manifestara de algún modo. Imagínate ahora que de pronto, en pleno día, vuelve a encontrar ese pensamiento, encarnado, clavado en él, indestructible. Se pregunta dónde está… ¿tú sabes dónde está?
-¿Dónde?
- Aquí –susurró Snaut-, en Solaris.”

Pág 81.

Solaris, Lem, Stanislav, Editorial Minotauro, Buenos Aires, 1984.

sábado, 31 de octubre de 2009

"Hollywood" de Charles Bukowski.

“Tenía que conducir a través de todo eso. Dos negritos de unos once años nos miraban fijamente desde sus bicicletas. Era odio puro, perfecto. Podía sentirlo. Los negros pobres odiaban. Los blancos pobres odiaban. Sólo cuando los negros tenían dinero y los blancos tenían dinero era cuando se mezclaban. Algunos blancos amaban a los negros. Muy pocos negros, por no decir ninguno, amaban a los blancos. Todavía estaban desquitándose. Tal vez nunca lo lograsen. En una sociedad capitalista los perdedores son esclavos de los ganadores y tiene que haber más perdedores que ganadores. ¿Qué creía? Sabía que la política nunca lo resolvería y no quedaba tiempo suficiente para la buena suerte.”

Pág 105.

“En general no había otra cosa que hacer en esas pensiones y apartamentos baratos cuando se estaba arruinado, muerto de hambre y a punto de terminar la última botella. No había otra cosa que hacer más que escuchar aquellas discusiones salvajes. Eso te hacía darte cuenta de que uno no era el único que estaba absolutamente desencantado del mundo, que uno no era el único que se encaminaba hacia la locura.”

Pág 217.

Hollywood, Bukowski, Charles, Editorial Anagrama, 1996, Barcelona.