lunes, 1 de febrero de 2010

"Ganarse la muerte" de Griselda Gambaro.



“Horacio la rodeó con sus brazos, le dio a elegir. Si se le antojaba, podía negarse y rechazar las excusas. Si todos aceptan lavar las ofensas fácilmente, no hay honor. Ciertas cicatrices, es mejor conservarlas. Es como el olvido. Cada muerte injusta que uno olvida, cava la fosa de nuestra propia muerte.”

Pág 114.

“No hay rey ni lacayo, torturado ni torturador. Un solo hombre, pensaba el Sr. Perigorde, procreándose automáticamente a sí mismo sobre la tierra, no tendría sentido.”

Pág 123.

Ganarse la muerte, Gambaro, Griselda, Editorial Norma, 2002.

sábado, 30 de enero de 2010

"7 ensayos de interpretación de la realidad peruana" (1928) de José Carlos Mariátegui.



“He hecho en Europa mi mejor aprendizaje. Y creo que no hay salvación para Indoamérica sin la ciencia y el pensamiento europeos u occidentales. Sarmiento que es todavía uno de los creadores de la argentinidad, fue en su época un europeizante. No encontró mejor modo de ser argentino.”

Pág 30.

“No nos contentamos con reivindicar el derecho del indio a la educación, a la cultura, al progreso, al amor y al cielo. Comenzamos por reivindicar, categóricamente, su derecho a la tierra.”

Pág 60.

“La provisión arbitraria de las cátedras, el mantenimiento de profesores ineptos, la exclusión de la enseñanza de los intelectuales independientes y renovadores, se presentaban claramente como simples consecuencias de la docencia oligárquica.”

Pág 138.

“Cada día se comprueba más que alfabetizar no es educar. La escuela elemental no redime moral y socialmente al indio. El primer paso real hacia su redención, tiene que ser el de abolir su servidumbre.”

Pág 162.

“El protestantismo aparece en la historia, como la levadura espiritual del proceso capitalista.”

Pág 178.

“El fin histórico de una descentralización no es secesionista sino, por el contrario, unionista. Se descentraliza no para separar y dividir a las regiones sino para asegurar y perfeccionar su unidad dentro de una convivencia más orgánica y menos coercitiva. Regionalismo no quiere decir separatismo.”

Pág 204.

Pág 235 – Nota sobre literatura argentina.

“El aporte del negro, venido como esclavo, casi como mercadería, aparece más nulo y negativo aún. El negro trajo su sensualidad, superstición, su primitivismo. No estaba en condiciones de contribuir a la creación de una cultura, sino más bien de estorbarla con el crudo y viviente influjo de su barbarie.”

Pág 322.

7 ensayos de interpretación de la realidad peruana, Mariátegui, José Carlos, Capital intelectual, 2009.

"Kafka en la orilla" (2006) de Haruki Murakami.



“- Cuando estalla la guerra, te llaman a filas. Y, al reclutarte, te ponen un fusil en las manos, te envían al frente y, allí, tienes que matar soldados enemigos. Cuantos más mates, mejor. Si te gusta matar o no, eso nadie te lo pregunta. Eso es lo que debes hacer. Y, si no lo haces, te matan a ti. –Johnnie Walken apuntó con el dedo índice al pecho de Nakata-. ¡Bang! En esto se resume la historia humana.”

Pág 183.

“Y es que los que mataron al novio de adolescencia de la señora Saeki no fueron otros que esa clase de sujetos. Sujetos estrechos de miras, intolerantes y sin imaginación. Tesis desconectadas de la realidad, terminología vacía, ideales usurpados, sistemas inflexibles. Son estas cosas las que a mí, realmente, me dan miedo. Son estas cosas las que yo temo y odio con todo mi corazón. Es importante saber qué es correcto y qué no lo es, por supuesto. Sin embargo, los errores de juicio personales pueden corregirse en la mayoría de los casos. Si uno tiene la valentía de reconocer su error, las cosas, generalmente, se pueden arreglar. Pero la estrechez de miras y la intolerancia de la gente sin imaginación son igual que parásitos. Provocan cambios en el cuerpo que les acoge y, mudando de forma, se reproducen hasta el infinito. Y eso no hay manera de detenerlo. Y yo, semejantes sujetos, no quiero que entren aquí. –Oshima señala las estanterías con la punta del lápiz. Se refería, por supuesto, a la totalidad de la biblioteca-. Yo no puedo tomarme a risa a gente como ésa.”

Pág 231.

“Hay casos en los que no puede hacerse nada. Pero, a pesar de ello, la ironía hace más profundo al hombre, lo obliga a crecer. Y se convierte en una puerta de acceso a una solución de una dimensión mayor. Y en ella puedes encontrar una esperanza universal.”

Pág 253.

“Lo que yo deseo, la fuerza que yo busco, no es aquella que te lleva a ganar o a perder. Tampoco quiero una muralla para repeler las fuerzas que lleguen del exterior. Lo que yo deseo es una fuerza que me permita ser capaz de recibir todo cuanto proceda del exterior y resistirlo. Fortaleza para resistir en silencio cosas como la injusticia, el infortunio, la tristeza, los equívocos, las incomprensiones.”

Pág 394.

“El hecho de tenerla delante hace que sienta un agudo dolor en el pecho, como si me clavaran un cuchillo congelado. Es un dolor muy intenso, pero yo más bien agradezco esta intensidad. Puedo solapar mi existencia con ese dolor helado. El dolor se convierte en un ancla que me mantiene firmemente amarrado aquí. Ella se levanta de la silla, pone agua a calentar, prepara un té. Y, mientras me lo bebo, sentado a la mesa, ella lleva los platos sucios al fregadero y los lava. No aparto la mirada de su espalda. Quiero decir algo. Pero me doy cuenta de que, en su presencia, todas las palabras pierden su función original. O tal vez es que el sentido que debe ligar una palabra a la otra acaba perdiéndose. Me contemplo las manos. Me acuerdo de los árboles del otro lado de la ventana que brillaban a la luz de la luna. Es allí donde está el cuchillo congelado que tengo clavado en el corazón.”

Pág 528.

Kafka en la orilla, Murakami, Haruki, Editorial Tusquets, 2006.

sábado, 19 de diciembre de 2009

"Al sur de la frontera, al oeste del sol" de Haruki Murakami.



“A veces, hay personas que pueden herir a los demás por el mero hecho de existir.”

Pág 38.

“Hay muchas maneras de vivir. Hay muchas maneras de morir. Pero eso no tiene ninguna importancia. Al final, sólo queda el desierto. El desierto es lo único que vive de verdad.”

Pág 102.

“No te acuestes nunca con mujeres estúpidas. Si lo haces, acabarás volviéndote estúpido tú también. Quien va con tontas, termina tonto. Pero tampoco vayas con mujeres que valgan demasiado la pena. Si te juntas con mujeres demasiado buenas, ya no podrás volver atrás. Y no poder volver atrás significa perderse. ¿Me entiendes?”

Pág 166-167.

Al sur de la frontera, al oeste del sol, Murakami, Haruki, Buenos Aires, 2008.

viernes, 18 de diciembre de 2009

El discurso de Cristina Kirchner - Eliseo Verón.



torrente de palabras que no seducen

Cristina: un discurso populista para una multitud de clientes
Las encuestas coinciden en que, en apenas dos años, la imagen de la presidenta Cristina Kirchner se desbarrancó unos 40 puntos porcentuales, un deterioro que también afecta a su marido. Según el experto Eliseo Verón, estos números indican “una fuerte decepción”, que no será tan fácil de revertir en lo que resta del mandato porque la Presidenta insiste en el error de hablar mucho sin un pensamiento político, una repetición que la aleja cada vez más de la gente.

Las encuestas de imagen son múltiples y variadas en el detalle pero, si consideramos el conjunto del período de ejercicio de la función presidencial, los resultados globales son prácticamente los mismos. Valen entonces dos ejemplos cualesquiera.

Según el CEOP, en noviembre de 2007 la presidenta electa tenía, poco antes de asumir, el 66% de imagen positiva y el 20,1% de imagen negativa. En octubre de 2009, de acuerdo a una encuesta de Management & Fit, Cristina Fernández de Kirchner registraba el 59,8% de imagen negativa y el 26,7% de imagen positiva. En 2007, sólo su marido la superaba del lado positivo, y actualmente ocurre lo mismo, pero del lado negativo.

Son resultados a nivel nacional. Y como esta rotunda transformación de lo positivo en negativo pone en juego alrededor de dos tercios de la opinión o sea, no se explica por movimientos en los márgenes, no parece descabellado pensar que este cambio está asociado a procesos afectivos intensos en la ciudadanía: a una fuerte decepción, a una desilusión. (Solemos olvidar que los afectos son importantes en política.)

Cuando se discute del alcance y el significado de las encuestas a lo largo de una gestión de gobierno, se acostumbra limitar el peso de las cuestiones de imagen insistiendo (con razón) en que responder a un cuestionario de opinión es un comportamiento muy distinto que ejercer la responsabilidad de ciudadano a través del voto. Bueno, las elecciones del 28 de junio mostraron una fuerte coherencia, en este caso, entre los factores de imagen y la evaluación propiamente política de la gestión.

Que un gobierno se encuentre en una situación como la que enfrenta el Gobierno argentino desde las últimas elecciones legislativas sería considerado, en cualquier país del mundo, como una circunstancia difícil, y llevaría a esperar de su parte algún tipo de respuesta adaptativa, una búsqueda de nuevos modos de contacto con la sociedad; iniciativas, por decirlo en términos muy generales, destinadas a mejorar la situación.Más allá de una fuerte desilusión, lo que ha generado, me parece, un trauma inédito en la ciudadanía y sorpresa en el resto del mundo es el modo en que el Gobierno ha reaccionado ante la coyuntura.

Múltiples calificativos se pueden usar (y se han usado) para describirlo: ceguera, negación, huida hacia delante, indiferencia, represalia. Se trata probablemente de una combinación complicada de todas esas cosas y algunas más.

También se pueden hacer (y se han hecho) lecturas tácticas –algunas casi admirativas– relativas a la capacidad de los Kirchner para recuperar poder después de la flagrante derrota de las legislativas, capacidad que contrasta con la confusión generalizada en el campo de la oposición y con las idas y vueltas interminables de sus principales dirigentes.

Sea como fuere, está claro que el “clima” general de la coyuntura lo ha seguido determinando el Ejecutivo y que sus modos de operar tienen un desdichado común denominador: la sistemática destrucción de la dimensión propiamente política de una gestión gubernamental, inseparable, en este caso, de una explícita descalificación de los mecanismos republicanos de la representación. El absurdo preelectoral de las candidaturas “testimoniales” se complementó con la corrida post electoral para hacer pasar en el Congreso, antes de quedar en minoría legislativa, leyes mal discutidas y con objetivos cuando menos dudosos.

Todo ha sido dicho y esto también: después de la crisis de 2001, se abrió un período de creciente estabilidad, acompañado de una situación económica internacional excepcionalmente favorable. Era el momento, por fin, de comenzar a reforzar las instituciones y de abrir la discusión, siempre postergada, sobre políticas públicas susceptibles de recoger amplios consensos.

Esta ha sido la nueva ocasión perdida. ¿Pero por qué? Limitarse a concluir que los Kirchner son los malos de la película no me parece satisfactorio, porque implica reducir la dinámica política argentina de los últimos años a un anecdotario personalizado.

Desde cierto punto de vista, la metodología de gestión gubernamental kirchnerista puede ser considerada un caso particular de una tendencia más general (que algunos politólogos asocian al resurgimiento de un cierto “populismo”), que se manifiesta en distintos países bajo la forma de una acentuación del presidencialismo.

El tema fue largamente discutido en un coloquio sobre la función presidencial realizado en Japaratinga, Brasil, al que aludí en una columna de este mismo diario hace algunas semanas.

Un caso típico de acentuación del presidencialismo es el que resulta de una creciente mediatización de la figura presidencial, que hace posible que el Ejecutivo ejerza su poder, al menos en parte, por fuera de los marcos institucionales. O sea: la figura presidencial despliega modalidades no institucionales de influencia y de toma de decisiones, a través de un manejo de los medios de comunicación que le otorga una presencia extremadamente fuerte en el espacio público. Ejemplos típicos de esta modalidad son los casos de Sarkozy, Berlusconi y Chávez.

Es interesante entonces notar, a este respecto, que la exacerbación del poder presidencial puede tener lugar tanto en un régimen parlamentario (Italia) cuanto en un sistema presidencial con un “jefe de gobierno” que es el primer ministro (Francia) o en un régimen presidencial clásico, por decirlo así, que va derivando hacia un liderazgo de estilo castrista (Venezuela).

En cualquiera de estos casos, lo decisivo parece ser entonces una estrategia adecuada de manejo de los medios “masivos” tradicionales, independientemente de las características específicas del dispositivo republicano.

Con mayor o menor sutileza, en los tres casos están presentes ciertos rasgos “populistas”: la búsqueda de una relación directa con “el pueblo”, la voluntad del ocupante de la posición suprema de interpretar, por sí mismo, lo que la ciudadanía quiere o espera, eludiendo las mediaciones deformantes, interesadas, engañosas, del periodismo profesional. Berlusconi es además, claro, un ejemplo extremo de concentración del poder presidencial junto con un control, directo o indirecto, de la televisión italiana, y en el caso de Chávez son bien conocidas sus reiteradas actitudes de intimidación a los medios informativos independientes. Sea cual fuere la opinión política que se pueda tener de ellos, Sarkozy, Berlusconi y Chávez pueden ser considerados, globalmente, como presidencialismos mediáticamente exitosos.

La situación argentina es, desde este punto de vista, anómalo. Por un lado, la actitud sistemática de enfrentamiento con los medios informativos, que ha caracterizado la gestión de Cristina Fernández de Kirchner desde su inicio, fue generando un clima claramente desfavorable a la construcción de la figura presidencial. Se podría pensar que, justamente, ese carácter sistemático indica una característica discursiva que forma parte de alguna estrategia.

Sin embargo, el agitado procedimiento puesto en marcha para promulgar la nueva Ley de Medios parece más bien haber sido resultado de una decisión apresurada, tomada a la luz de la derrota electoral, y resulta difícilmente justificable desde un punto de vista estratégico. Los supuestos “frutos” de esa ley, suponiendo que termine facilitando el control de los medios por parte del Gobierno, sólo podrían hacerse sentir en el mediano plazo, mediano plazo más que incierto para el kirchnerismo y, de todos modos, en términos de factores de imagen de la figura presidencial, los datos muestran que el mal está hecho, y sería francamente ingenuo suponer que una ley de medios podría tener alguna eficacia para “remontar”, en un tiempo razonable, es decir, políticamente pertinente, la imagen negativa del Gobierno. Por otro lado, la producción discursiva de la señora presidenta tiene algo de profundamente inquietante.

En primer lugar, su volumen: a lo largo de sus dos años de gestión, acumula (en una estimación aproximada, que puede tener un margen importante de error) más de seiscientos discursos.

Es una corriente discursiva ininterrumpida, continua, desbordante, cerrada sobre sí misma y extremadamente homogénea, que produce en última instancia una extraña sensación de autismo. Ya se trate del envío al Congreso de la Ley de Medios, de un almuerzo en homenaje al presidente de Israel, del Congreso Internacional sobre las células madre, de la inauguración de una turbina en la central termoeléctrica de Campana (discurso que fue el objeto de mi primera columna en este diario, publicada el 24 de mayo de 2008), de la asignación universal por hijo de la ANSES o de una reunión del Mercosur, hay una suerte de dispositivo básico que se repite una y otra vez: Cristina, la Presidenta, enunciadora en primera persona, pedagoga llena de buenas intenciones y compenetrada con su función, les habla a los argentinos insistiendo en la absoluta excepcionalidad histórica de su acción de gobierno. No he leído, claro, los seiscientos discursos. Algunas docenas tal vez, y muchos de manera fragmentaria. Pero de todos modos, y para decirlo de una manera brutal: ¿a quién le importa? O si se prefiere: ¿a quién le habla Cristina Fernández de Kirchner?

Sin duda, una posible respuesta sería: al pueblo. Pero el pueblo implícito en sus discursos es un pueblo genérico, un pueblo sin rostro, un pueblo políticamente anónimo. La masa discursiva de la señora Presidenta no tiene matices, no presenta inflexiones, se adapta a la circunstancia específica de una manera puramente descriptiva. Y a lo largo de la gestión no hay desarrollo discursivo, no hay encadenamiento progresivo de decisiones gubernamentales, es decir, no hay una lógica que se desenvuelva en el tiempo.En suma, no hay pensamiento político.

Hay sí, en la mayoría de los discursos, un momento de exabrupto o de agresividad contra enemigos que se dan por conocidos, aunque no se consiga entender por qué no están de acuerdo con una señora tan razonable. Sí, hay algo de inquietante en el modo de comunicar del Gobierno. Porque no hay estrategia visible, pero tampoco produce una sensación de improvisación.

Creo que el secreto es que se trata de un discurso de inspiración populista, pero construido para una multitud compuesta de clientes, no de militantes. Lo cual es perfectamente paradójico.

domingo, 13 de diciembre de 2009

"La espuma de los días" de Boris Vian.



“-¿Por qué son tan despreciativos?- preguntó Chloé-. Como si trabajar fuera algo que estuviera bien…
-Les dijeron que trabajar era bueno.-dijo Colin-. En general, les parece bueno. En realidad, nadie lo piensa. Uno lo hace por costumbre y para no pensar, justamente.
-En todo caso, es idiota hacer un trabajo que podrían hacerlo las máquinas.
-Hay que construir las máquinas- dijo Colin- ¿quién lo hará?
-¡Oh! Evidentemente –dijo Chloé-. Para hacer un huevo hace falta una gallina; una vez que se tiene la gallina podemos tener un montón de huevos. Entonces vale más comenzar por la gallina.”

Pág 73.

La espuma de los días, Vian, Boris, Ediciones de la Flor, 1976.

sábado, 5 de diciembre de 2009

"El derecho de matar" de Raúl Barón Biza.



“Ellas han pensado y piensan: “Será quizás, la única forma de decidirlo”.Todo su capital, triste y muchas veces mal oliente capital, lo juegan contra la única patente de señora, contra una seguridad de su estómago.
En el hombre habla el deseo. La mujer explota ese deseo para satisfacerse y a la vez para llenar su aparato digestivo. En su único rol. Llenarlo de alimentos o de espermatozoides.”

Pág 46.

“-Y bien- respondióme colérico- dices que yo soy rico…Es cierto, mi fortuna es inmensa, pero el hecho de que yo posea dinero no me obliga a llenar la boca de los hambrientos, ni a vestir a los desnudos... ¿Acaso la razón de tener impone la obligación de dar? Implora ayuda al clero, a los ensotanados…a los que piden para dar…y verás como ellos también te la niegan.
Nadie da nada por nada en la vida.”

Pág 65.

“¡que no caiga yo que soy una antorcha encendida en la noche de los inútiles!”

Pág 68.

“El suicidio nos coloca más allá del castigo de los hombres y de la venganza de la justicia. Más allá aún, de la misma ira de los dioses.
Estos, como un presente, dicen habernos ofrecido la vida y, como un castigo, pretenden podérnosla arrebatar.
Dejan de ser fuertes, cuando podemos zafarnos así de su venganza.”

Pág 73.

El derecho de matar, Baron Biza, Raúl, Editorial M.Alfredo Angulo, 1939.