domingo, 16 de mayo de 2010
lunes, 10 de mayo de 2010
"Tokio blues" de Haruki Murakami.
“-Ya sabes cómo son las chicas- me comentó. Cuando cumplen veinte o veintiún años, de repente empiezan a pensar de una manera muy concreta. Se vuelven realistas. Todo lo que antes tenían de adorable empieza a parecerte vulgar y deprimente.”
Pág 336.
Tokio Blues, Murakami, Haruki, Tusquets editores, 2007.
lunes, 26 de abril de 2010
"El pentágono" de Antonio Di Benedetto.
“Uno, claro, se fuga, se trasvasa. Claro. Pero, claro, no es. Uno es un poco más. Soy un poco más. Pero, si fuera un poco más…Claro, no lo soy. Tan poco soy. Pero tampoco soy…
¡Ah, Laura, si fuera!... ¡Si yo fuera el que tú!...”
Pág 64.
El pentágono, Di Benedetto, Antonio, Adriana Hidalgo editora, 2005.
sábado, 24 de abril de 2010
"Por los tiempos de Clemente Colling" de Felisberto Hernández.
“He renunciado a la difícil conquista de saber, cómo era yo en aquellos tiempos y cómo soy ahora, en qué cosas era mejor o peor antes que ahora. A veces pienso en lo larga y tolerante que es la vida, después de haberla malgastado tanto tiempo. Otras, cuando pienso en los amigos que se me murieron y en que yo sigo viviendo, me parece que este tiempo es robado y que lo tengo que vivir a escondidas. Otras veces pienso que si me ha dado por escribir los recuerdos, es porque pronto me iré a morir, de no sé qué enfermedad. Y hasta siento cómo viven los de mi familia un poco después de mi muerte y me recuerdan con cariño. Y ¿nada más? Pero no, yo me echo vorazmente sobre el pasado pensando en el futuro, en cómo será la forma de estos recuerdos. Por eso los veo todos los días tan distintos. Y eso será lo único distinto o diferente que me quede del sentimiento de todos los días.”
Pág 104.
Por los tiempos de Clemente Colling, Hernández, Felisberto, Editorial arte y literatura, La Habana, 1985.
Pág 104.
Por los tiempos de Clemente Colling, Hernández, Felisberto, Editorial arte y literatura, La Habana, 1985.
jueves, 22 de abril de 2010
"Obras tomo I" de Copi.
“La mujer, en política, debe exhibir una actitud más sajona, con su bolso, sus gafas y sus notas en la mano. Eterna marioneta, canta las alabanzas de su marido. En Argentina siempre se considera que una mujer comparte las opiniones de su marido, incluso las exalta, pero nunca como si ella misma tuviera una opinión. Se les reconoce a las mujeres políticas la arrogancia y la temeridad del macho como virtud, pero nunca la inteligencia. La sensibilidad no se concede más que a las madres, y según el número de hijos desaparecidos.”
Pág 358.
Obras tomo I, Copi, Editorial Anagrama, Barcelona, 2010.
"El dolor paraguayo" y "Lo que son los yerbales" de Rafael Barrett.
“Las piedras, cadáveres errantes, meditan sin cesar de un modo fúnebre y son los fieles hermanos del olvido.”
Pág 36.
“(…) entonces comprendo hasta qué punto aparece en su ser, desnuda, vacilante, la débil chispa que ocultamos nosotros bajo máscaras inútiles.”
Pág 59.
“El pueblo se emancipa poco a poco de la miseria en que vive, no por la instrucción, sino por la fuerza de su sagrada cólera. Todos los pobladores saben leer y escribir en China; en ningún sitio arrastran masas tan lamentable existencia.”
Pág 65.
“No me importa el dinero, porque apenas lo tenga me lo quitarán. No planto un árbol ni siembro el huerto porque apenas mi campo se valorice me despojarán de él. No me preocupa la prosperidad del país porque si el país prospera será a mi costa, y los muros de mi cárcel serás más gruesos todavía. No trabajo porque no hay esperanza. Nada me seduce más que escapar de este mundo por una puerta cualquiera; alcohol, juego, lujuria, contemplación, sueño, muerte”
Pág 84.
“Luchemos por conseguir que la tierra sea de quien la trabaja y que no haya otra riqueza que la del trabajo. Me diréis que esto es de sentido común. Pero no hay nada más revolucionario, más anarquista que el sentido común.”
Pág 89.
El dolor paraguayo y lo que son los yerbales, Barrett, Rafael, Editorial Capital Intelectual, 2010.
"El caballo perdido" de Felisberto Hernández.

“Una noche de verano yo iba caminando hacia mi pieza, cansado y deprimido. Me entregaba a la inercia que toman los pensamientos cuando uno siente la maligna necesidad de amontonarlos porque sí, para sentirse uno más desgraciado y convencerse de que la vida no tiene encanto. Tal vez la decepción se manifestaba en no importárseme jugar con el peligro y que las cosas pudieran llegar a ser realmente así; o quizá me preparaba para que al otro día empezara todo de nuevo, y sacara más encanto de una pobreza más profunda. Tal vez, mientras me entregaba a la desilusión, tuviera bien agarradas en el fondo del bolsillo las últimas monedas.”
Pág 32.
Por los tiempos de Clemente Colling, Hernández, Felisberto, Editorial arte y literatura, La Habana, 1985.
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