miércoles, 9 de febrero de 2011

"La perla" de Yukio Mishima.



“Nada enfurecía tanto a Kenzó, como la opinión de los jóvenes de que el Japón actual carecía de esperanzas. Kenzó no era de los que piensan profundamente sobre la vida, pero creía con fe religiosa que con tal que se respetara la naturaleza, que se fuese fiel a la naturaleza y que uno se esforzara ante la vida, el camino se abriría por sí solo. Lo primero de todo era rendir culto a la naturaleza, y el fundamento de ese culto era la intimidad conyugal. La confianza mutua entre los esposos tenía que ser la máxima fuerza que frenara la desesperación del mundo.
Como afortunadamente Kenzó estaba enamorado de Kiyoko, la fuerza para vivir con esperanzas no consistía sino en ir viviendo ateniéndose a las condiciones que la naturaleza les ofrecía. Otras mujeres le habían flirteado a veces, pero él percibía cierto olor antinatural en aceptar el placer por el placer. Prefería ponerse a hablar con Kiyoko para quejarse juntos del precio a que se estaban poniendo las verduras y el pescado.”

Pág 217.

La perla, Mishima, Yukio, editorial Siruela, 1998.

"La gran aldea" de Lucio Vicente López.



“- Señora, cuando se dispone, como disponemos nosotros, de las imaginaciones populares, los hombres desaparecen, surgen las muchedumbres: la muchedumbre es como el mar, el viento la agita, la calma la atempera. Mañana nuestros hombres serán aclamados por este pueblo, que es un gran pueblo porque sabe marchar sin preguntar nunca a dónde lo llevan. ¡La victoria será nuestra!”

Pág 36.

La gran aldea, López, Lucio Vicente, editorial Capital Intelectual, 2010.

miércoles, 2 de febrero de 2011

"Maldita guerra" de Francisco Doratioto.



“’Es sabido, señores, cómo se consiguen soldados entre nosotros. Se arranca de sus casas a civiles pobres, cuyo crimen es haber nacido en la humilde condición de gaucho, para llevarlos a servir (en el Ejército) sin sueldo, desnudos, y muchas veces sin la alimentación necesaria, y cuando consiguen escapar de la prisión –porque para ellos el campamento es la prisión- y son detenidos, reciben en azotes la cantidad de horas que estuvieron en libertad.’”

(Nicasio Oroño)

Pág 131.

“Urquiza retornó a Basualdo y comenzó a fusilar desertores, pero no consiguió detener la desbandada de cerca de 8 mil jinetes, lo cual obligó a licenciar a las tropas restantes.”

Pág 137.

“Era un extensísimo tendal de cadáveres, horriblemente mutilados y amontonados desordenadamente. Había cabezas cortadas, con los ojos bien abiertos; algunas todavía estaban unidas al tronco por músculos ensangrentados; otras, estaban tajeadas de lado a lado y mostraban los sesos desbordando; narices cortadas, brazos mutilados, mandíbulas partidas, pechos agujereados. ¡Qué golpes aquellos! ¡Qué tajos y estocadas! Era el camino de la muerte para el enemigo y de la gloria para nosotros…¡Qué muerte gloriosa y qué gloria llena de lágrimas!”

(Dionísio Cerqueira)

Pág 204.

“Esa versión de una derrota aliada también llegó a Entre Ríos, donde la mayoría de la población deseaba el triunfo del Paraguay; las personas festejaron “vivamente (…) y sin ningún recato” la batalla del 24 de mayo, pues la victoria paraguaya era vista como la garantía de la autonomía entrerriana.”

Pág 215.

“Solano López castigó al batallón paraguayo que había huido en vez de defender Curuzú. Se hizo formar a los soldados, se contaba hasta diez, y el décimo soldado era retirado de la formación. La cuenta se repitió hasta el final del batallón y los soldados que habían sido seleccionados fueron fusilados inmediatamente. Entre los oficiales se efectuó un sorteo de pequeñas ramitas: los que recibieron las más cortas fueron fusilados en seguida, mientras que los que se quedaron con las más largas fueron degradados a soldados rasos.”

Pág 227.

“Lo que impresiona en Curupaytí –y estoy fue destacado por testigos paraguayos del combate- es la sangre fría de los soldados aliados, que avanzaron durante horas para llenar los huecos que dejaban los compañeros muertos, teniendo conciencia de que probablemente también ellos morirían. En Curupaytí cayeron ilustres figuras argentinas y brasileñas, cuya pérdida sería sensible para el Ejército aliado; allí perecieron jóvenes de la elite porteña, como Domingo Fidel Sarmiento –“Dominguito”-, hijo del futuro presidente Domingo Faustino Sarmiento, y Francisco Paz, que era hijo del vicepresidente Marcos Paz. La dramaticidad del combate queda reflejada en el relato de José Ignacio Garmendia, quien al final de la acción encontró ensangrentado a Martín Viñales, del 1er Batallón de Santa Fe, y al preguntarle si estaba herido recibió como respuesta: ‘No es nada, apenas un brazo menos; la patria merece más’”

Pág 234.

“La situación se agravó luego, en Peribebuy, cuando los soldados argentinos comenzaron a robar niños, tomándolos como cautivos o trofeos de guerra. El robo de niños se transformó en un negocio, pues las familias paraguayas conseguían recuperarlos mediante el pago de un rescate.”

Pág 369-370.

Maldita guerra Nueva historia de la guerra del Paraguay, Doratioto, Francisco, Editorial Emecé, 2004.

miércoles, 12 de enero de 2011

"Teorema" de Pier Paolo Pasolini.



“Qué debería valer más: tu identificación
o tu ser?
Tú no sabes elegir, tierna Odetta, porque
estás ciega:
así has elegido, así has vivido. Y te debates
inútilmente, perdida entre un recuerdo
demasiado hermoso
y una realidad que te lleva del sueño a la
locura.”

Pág 122.

“¿De modo que el burgués ha reemplazado el alma por la conciencia?”

“Entonces ¿es la religión metafísica lo que se ha perdido, transformándose en una especie de religión de la conducta?”

Pág 269.

Teorema, Pasolini, Pier Paolo, editorial edhasa, 2005.

"En busca de la Edad Media" de Jacques Le Goff.



“Desde el siglo XII, Abelardo había dicho que los nuevos teólogos (sin duda, fue el inventor de la palabra) debían adoptar el método aristotélico de la duda. Fue cinco siglos antes que Descartes.”

Pág 81.

“(…) el feudalismo, no es un germen de destrucción del poder, como se ha dicho muchas veces. Al contrario, el feudalismo se implanta para responder a los vacíos de poder. Forma la unidad básica de una profunda reorganización de los sistemas de autoridad, el marco indispensable para la aparición de los estados. El feudalismo vive su gran época entre los siglos X y XIII. Al contrario del señorío –que la precede y perdura después de ella-, el feudalismo, concebido en sentido estricto, no puede identificarse, pues, con el conjunto de la Edad Media.”

Pág 112.

“La guerra es una de las numerosas consecuencias del pecado original. Sólo se legitima –sólo es justa- si la declara una persona que Dios ha investido de la auctoritas (autoridad) y de las potestas (poder). San Agustín precisaba que la “autoridad” le correspondía al príncipe que ostentaba el poder, y no a cualquier jefe de clan. Por consiguiente, la Iglesia condena todas las formas de guerra no decididas o llevadas a cabo por lo que denominaríamos Estado, el poder público. Igualmente, la Iglesia se reserva el derecho de avalarlas o condenarlas, ya que ella es la auctoritas suprema.”

Pág 130.

“Los monjes más rigurosos solían pensarlo. Subrayaban que en ningún fragmento del Nuevo Testamento se mencionaba la risa de Jesús, mientras que Satán y los malvados ríen burlonamente y Jesús llora. Como rompe el silencio, reír es poco católico.”

Pág 135.

En busca de la Edad Media, Le Goff, Jacques, Editorial Paidós, 2007.

martes, 28 de diciembre de 2010

"Seda" de Alessandro Baricco.



“Cuando la soledad le oprimía el corazón, subía hasta el cementerio para hablar con Helene. El resto de su tiempo lo consumía en una liturgia de costumbres que conseguía preservarle de la infelicidad. De vez en cuando, en los días de viento, bajaba hasta el lago, y pasaba horas mirándolo, puesto que, dibujado en el agua, le parecía ver el inexplicable espectáculo, leve, que había sido su vida.”

Pág 125.

Seda, Baricco, Alessandro, Anagrama, Buenos Aires, 2006.

domingo, 12 de diciembre de 2010

"Las señoritas de Wilko" de Jaroslaw Iwaszkiewicz.



“El trabajo le absorbía de tal modo que no tenía tiempo para pensar, pero así era mejor, pues por propia experiencia sabía que ello no conducía a nada. Así las cosas, la muerte de su amigo Jurek vino no obstante a quebrar su equilibrio. No lograba encontrarse a sí mismo y se sentía tan mal que finalmente fue a consultar a un facultativo.”

Pág 65.

“Y de súbito, ante sus ojos, sobre los semblantes de aquellas blancas mujeres vio desfilar todo un tropel de imágenes, acontecimientos, luchas y esfuerzos baldíos. Pensó en todo cuanto constituía su vida, complicada y destrozada desde un principio, y sintió un estremecimiento.
-No, no, la verdad sea dicha, no hago nada digno de resaltarse -dijo-. No vale la pena hablar de ello, vivo como todo el mundo.
Y tomó conciencia de pronto cuán horrible era aquello: vivir como los demás y que los demás vivieran como él.”

Pág 77.

“Habían sido tantas las ilusiones, tantos los esfuerzos puestos en los años siguientes, que apenas si ahora, cuando se sentía tan cansado y los veía reducidos a polvo, convertidos en nada, tomaba conciencia de su pasada felicidad. Estaba claro como el agua que había malgastado su vida, como suelde decirse en las familias burguesas. Pecado imperdonable el de no advertir el momento de la propia felicidad.”

Pág 139.

Las señoritas de Wilko, Iwaszkiewicz, Jaroslaw, editorial cátedra, 1993.